jueves, 30 de julio de 2015

Y se nos fue uno más...Alejandro Romay falleció a los 88 años…


Por Gabriela Fabbro.

En Tucumán,  el 20 de enero de 1927, nació Alejandro Argentino Saúl, quien años más tarde, por un ídolo de su club preferido, Independiente, pasaría a llamarse Alejandro Romay. Comenzó como locutor en una radio local, y desde siempre le atrajo el mundo del espectáculo. 

Con ansias de crecer y profesionalizarse, se traslada a Buenos Aires con solo veinte años, en donde recorrió radios y teatros. Finalmente logra ingresar a Radio Libertad, y desde allí no descansó hasta comprar teatros, dirigir radios y llegar a su verdadero mundo, el de la televisión. 

En 1963 asumió como director general de Canal 9, en donde produjo una programación muy popular y exitosa. Creador de programas inolvidables como Feliz domingo (1970), Grandes valores del tango (1963), Sábados de la bondad (1968), o el aún vigente Almorzando con Mirtha Legrand (1968), Romay se caracterizó por pensar en productos nacionales, todos de factura local, a través de los cuales promovió a los actores argentinos, siempre agradecidos por este gesto. 

En la ficción dejó su sello: Más allá del horizonte, Amo y señor, La extraña dama y Ricos y famosos, son telenovelas que aún hoy están en el imaginario del espectador local. Grandes pasiones, reconstrucciones históricas, apasionados romances y el maniqueísmo a flor de piel, son marcas de sus producciones.

Verborrágico, entusiasta, con ánimos de estar presente siempre, el Zar de la televisión, como más tarde se lo denominó, forjó una etapa de la televisión argentina. Aquella que reunía a la familia los domingos delante del televisor, la que escuchaba los tangos junto a los abuelos, o la que jugaba al Yo Sé, mientras los chicos del colegio secundario de turno acertaban la llave correcta para abrir “el cofre de la felicidad”. 

¿Quién no recuerda el salto de Silvio Soldán al abrirse la puerta que llevaba al sueño de Bariloche acompañada por su emblemática música?, o ¿quién no tiene presente las “rosas rococó rosadas” que la diva de los almuerzos describía cada mediodía, y ¿quién no sentía que estaba “a la moda” mirando cada sábado “El arte de la elegancia de Jean Cartier”?, así fue la televisión de Romay, popular, con anhelos de buen gusto, con alegría, con sentimientos, con copas de sidra y saludos navideños que otros canales tomaron luego como cita obligada cada fin de año, con todos sus elencos presentes en cada brindis institucional.


Hace poco nos dejó Gerardo Sofovich, ahora lo hizo Alejandro Romay, la televisión argentina de las primeras décadas se va extinguiendo. Hoy las series, los enlatados, los formatos internacionales inundan la grilla de programación de los canales argentinos, por momentos se añora volver a esos domingos que supo crear, desde su intuición y afán de superación, Alejandro Romay, el responsable del último reinado en nuestra televisión.

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