martes, 23 de diciembre de 2014

La vigencia de un clásico

Por Gabriela Fabbro.

El domingo 21 de diciembre de este año, a las 16 y 30 terminaba un nuevo ciclo de Almorzando con Mirtha Legrand. Un clásico de la televisión local, con trascendencia mundial, que desde 1968, ha estado prácticamente presente a lo largo de los años en la pantalla argentina. Récord si los hay…..

El mismo día, en el diario La Nación, Marcelo Stiletano comentó “(…) La única demostración de genuina inteligencia quedó en manos de Mirtha Legrand que construyó en su doble mesa del fin de semana (…), un espacio en el que lo frívolo y lo serio convivieron sin problemas y del que surgieron algunas de las mejores frases y momentos de debate de la alicaída pantalla loca”. (…), Legrand fue la única que supo aggionar su propuesta y adaptarla al nuevo escenario. Vaya si funcionó.”


En un año extraño para la TV argentina, con Avenida Brasil arrasando con el rating, con un Showmatch que necesitó de inyecciones varias para sobrevivir, con honrosas excepciones como Tu cara me suena, En terapia, Resto del mundo o Los 8 escalones, un único programa acaparó rating, calidad, debate y verdadero diálogo. Desde hace más de cuarenta años, Mirtha Legrand sigue vigente en la pantalla atrayendo a todos los públicos, tocando todos los temas, recordando todos los datos y nombres, promoviendo calidad en sus contenidos y propuesta.

¿Es la televisión clásica que siempre vuelve? Sí, y ¡por suerte! Se añoran los programas en los que las personas conversan, se escuchan, se disfruta de un rito, de una cita obligada. Mostrar el vestido, los anillos y el reloj, son parte de esa ceremonia, pero una producción sólida, una conductora admirable y el cuidado en su calidad técnica, hacen de Almorzando con Mirtha Legrand un verdadero clásico de la televisión local. Y eso es un clásico; algo o alguien que tiene prestigio, que se alimenta de su autorreferencialidad (muy justificada por cierto, y la más clara demostración fue la visita de su hija Marcela a este último programa del año), que impone un modo de ver la realidad, que representa la mirada de muchos, de todas las edades y de todas las épocas. Caso único en la televisión mundial y lo tenemos todas las semanas en la programación argentina. Compañía, información, un gran amor por la esencia de lo argentino, hacen de este clásico un producto único en su género. Pero, ¿lo tendrá? Ya para muchos, el apellido se ha convertido en adjetivo: lo legranesco tiene una identidad, al nombrarlo se sabe a qué nos referimos. Eso es un clásico, cuando un nombre se transforma en un sello, en una huella, y en este caso, fue la mejor huella de calidad del año.

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