sábado, 29 de agosto de 2015

Gran Hermano 2015: un formato que se hunde.


Por Gabriela Fabbro.

América TV tiene en su pantalla una nueva edición del programa Gran Hermano, reality show que dio origen al formato creado por Endemol y estrenado en 1999. Con la conducción de Jorge Rial, emblemática cara del canal, cada semana se asiste a una lamentable involución del género.

Ya desde el casting de esta edición, se apuntó a la variedad: un joven que en su temprana juventud robaba, una chica que abortó a su hijo, uno a quien se le atribuye un hijo que no sabe si es de él, un chico al que violaron de pequeño junto a su hermana gemela, otra que dejó la religión adventista para poder tener relaciones sexuales, una chica que nació varón, en fin, parte del abanico inicial de esta nueva temporada. Disvalores por doquier.

Sin mucho seguimiento por parte del público, el programa intenta mantenerse dentro de la grilla del canal, tanto por sí mismo, cambiando de horario para competir con Telefe o Canal 13 o a partir de la presencia o cita de sus contenidos en otros programas del mismo canal. Los llamados “programas satélites” giran esta vez sobre este festival de pocas buenas acciones.

Con el correr de los programas, las fiestas con alcohol a los que los somete la producción, la exhibición de cuerpos desnudos, noches “calientes” según anuncia la producción y hasta la primera relación sexual entre los participantes, formaron parte de la oferta desde la primera semana.

Pero esto no queda ahí, la violencia también llegó a la casa. Escenas de agresiones entre una joven y su pareja, y entre dos varones, empezaron a ser moneda corriente en las diferentes emisiones. Tanto, que se decidió la expulsión del principal provocador. Las reglas de juego se cambian según la conveniencia del programa: salen algunos, otros gozan del beneficio de repechaje y vuelven a entrar, en fin, qué triste que sean estos esos los únicos mecanismos a los que pueden apelar los productores para captar mayor cantidad de audiencia.

Teñido todo de un vulgar uso del lenguaje, y ratificando que es un programa que premia al no esfuerzo, Gran Hermano 2015 desluce la pantalla del canal y la oferta de la televisión abierta argentina.


Los formatos y los géneros se agotan, cambian, se resignifican, pero el camino para rescatarlos no es la exacerbación de los antivalores como sostén del relato. La apuesta creativa de los productores debería apuntar a renovar la oferta, pensar en nuevos contenidos y no escarbar hacia abajo algo que ya se está hundiendo.

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